Estos días pasados, han aparecido en medios de comunicación y en blogs de tecnología fallos considerados importantes que afectan a productos de grandes empresas. ¿Realmente existen esos fallos o este tipo de anuncios responden a políticas de desprestigio?
Samsung y la red social Facebook son protagonistas estos días en los medios, tanto especializados como generalistas.
La marca coreana, en primer lugar, se ha visto envuelta en acusaciones de varios usuarios que han informado de una posible vulnerabilidad en los smartphones de la familia Galaxy -con la capa de software TouchWiz- que podrían ser restaurados (“formateados” o devueltos a su estado de fábrica) de manera remota con solo abrir un enlace web.
El problema de Facebook afecta, cómo no, a la privacidad. Un fallo, de nuevo detectado por los usuarios de esta conocida red social, podría mostrar públicamente mensajes privados entre dos usuarios que, en su día, compartieron de manera privada en una conversación.
Lo curioso y, a su vez, el meollo de la cuestión, es que aunque ahora mismo hay poca información oficial por parte de los implicados, muchos medios especializados hablan de que el fallo en los smartphones no es tanto culpa de Samsung como culpa del propio sistema, Android, y la dificultad y esfuerzo que supone a las marcas implementar las actualizaciones del sistema a cada modelo que lo utilice. Sea así o no, en el caso de Facebook, se achacó el incidente a una confusión de los usuarios sobre el funcionamiento de la red social. Así lo explicó el director de Ingeniería, Andrew Bosworth: «son simplemente publicaciones en el muro y no mensajes personales», ya que entre 2007 y 2009, años de los mensajes comprometidos, no existía la posibilidad de comentar o de pulsar ‘Me gusta’ como hoy día.
Con ello, podemos llegar a un terreno repleto de dudas: ¿realmente los fallos son tales o nos encontramos ante políticas de desprestigio a las marcas? No olvidemos que tanto Facebook como Samsung son empresas punteras, de primera fila, con buenos productos y, con ello, envidiadas por parte de otras empresas o de ‘fanboys’ de la competencia. Y la viralidad de la red es un buen aliado para llegar en pocos segundos a un gran número de lectores, potenciales clientes de las marcas a las que se está poniendo en tela de juicio y, con ello, alejándoles de posibles compras futuras.
No niego la importancia, si existe, de los fallos detectados, pero creo que es realmente difícil distinguir a veces la crítica real de algún producto de la -digamos- ‘propagandística’, ya que muchas veces van de la mano o, al menos, confluyen con facilidad, y hacen de nosotros lectores cada vez más más cautos, incluso escépticos, con estas informaciones. Si tienes algún smartphone de la familia Galaxy, si lees sobre el fallo ¿vas a apagar el teléfono hasta que se solucione? ¿vas a pedir escolta policial? Si eres un usuario precavido, tendrás (deberías de tener) copia de seguridad de fotos, videos, contactos, calendario... así que si por una desgracia, el fallo te afectara, tampoco sería el fin del mundo, ¿no?
GUERRA ENTRE MARCAS: LOS FANBOYS
Soy asiduo lector de temas de tecnología en revistas, blogs, foros... y veo, alarmado, la gran cantidad de fanboys o de 'adictos a una marca' que la defienden por encima de todo. Un ejemplo en el mundo de los smartphones es Apple y Samsung. Cuántas veces habré leido a defensores de la compañía de la manzana con superioridad ante los de Samsung que usan Android, que es de Google. Y a la inversa también. Absurdo total. Hay argumentos a favor de uno y a favor de otro. De hecho, yo soy usuario de ambas marcas y me gustan las dos, y lo que es más importante, en el momento de la compra decido libremente, y no movido cual marioneta por los designios impresos a fuego de una tecnoreligión.
Volviendo al tema inicial, ahora planteo: ¿no podrían ser los propios fanboys (de Apple, de HTC, de Sony...) los que han propagado la noticia? Y en el caso de Facebook, ídem de lo mismo.
miércoles, 26 de septiembre de 2012
martes, 18 de enero de 2011
Diseñador gráfico, esa "profesión"...
En el día a día, uno va acumulando experiencias vitales, tanto de la vida misma como de la profesión que desempeña. De ellas se aprende mucho, para bien y para mal, y muchas veces te sorprenden, de nuevo para bien y para mal. En una de estas ocasiones, el otro día un cliente pretendía contratar una publicidad (me da igual que sea para un periódico, una revista o cualquier otra publicación) y yo se la tenía que diseñar como parte del departamento de diseño. Pues bien, el cliente paga esa publicidad, pero no por el tiempo que yo le dedique a hacerla, sino por las veces que se le publique (acordándolo evidentemente mediante un contrato) por el tamaño que elija y por la página en la que salga. Dicho esto, me pongo con ello, me traen las fotos que supuestamente el cliente ya había aprobado y termino el diseño. El comercial se lo lleva al cliente en una conversación tal que así:
- Señor x, ya tengo su diseño. Aquí lo tiene –se lo entrega. ¿Qué le parece?
- (El cliente se queda mirándolo y después de unos segundos, responde) Pues… no me acaba de convencer.
- (El comercial se le queda mirando esperando sus razones) …
- Mira, hazme dos o tres pruebas más. A ver si hay alguna que me guste más que esta.
Después del encuentro, y como la cosa está como está (la crisis, bla bla bla), el comercial no se arriesga a perder al cliente diciéndole que tiene que pagar cada prueba y “acepta” su requerimiento. Entonces vuelve y me cuenta lo ocurrido. A mi cabeza me viene inevitablemente una gran cantidad de situaciones similares en otras profesiones. Véase una persona que va a comer a un restaurante y le entregan la carta. Después de mirarla de arriba a abajo, le dice al camarero que quiere que le sorprenda, que le gusta todo y no sabe qué elegir. El camarero se va a la cocina y el chef le prepara su especialidad, una merluza con salsa verde. Cuando la termina de cocinar, con esmero, al punto de sal, con la salsa perfectamente ligada -para ello es un profesional-, el camarero la sirve al cliente, que la prueba y llama al camarero.
- Oye, que no me acaba de gustar, dile al chef que me prepare dos o tres platos más, a ver si me gustan más que este. Eso sí, te voy a pagar el precio del menú.
¿De verdad creen que no pasaría nada más? ¿Acaso si el chef prepara tres platos es justo que solo le paguen uno? ¿No verdad?
Yo no entiendo por qué le cuesta tanto de entender a la gente esto. Yo he invertido mi tiempo haciéndolo, no me has hecho ningún tipo de indicación de cómo lo querías, y aunque entiendo que no te pueda gustar (cada uno tiene una opinión), al menos ten la amabilidad de decirme qué es lo que no te gusta; no me vale “no me acaba de gustar”, especifica, dime que no te gusta ese color, que la tipografía es demasiado clásica, que está muy llena la composición, o muy vacía, no sé, guíame. Los diseñadores no somos adivinos, no tenemos la capacidad de entrar en la mente del cliente y saber qué es lo que busca sin que nos lo diga. Trabajamos con bocetos, con ideas sueltas, el cliente nos debe hablar sobre su negocio, sobre su idea de venta, y nosotros aportar una solución acorde con su planteamiento, pero para ello necesitamos su concepto.
Lo peor es que luego, además, si en la factura se le cobran las horas “de más”, esas horas invertidas para sus “dos o tres diseños más”, el cliente se queja, y si no se las quitas, seguramente no vuelve, aunque le hayas hecho (en alguno de las tres o cuatro propuestas) el mejor diseño que nunca hubiera imaginado.
En el diseño de logotipos pasa mucho esto también. Muchos clientes exigen tres o cuatro propuestas muy distintas entre sí. Aquí es posible que muchos no estén de acuerdo conmigo, pero bajo mi punto de vista es mejor crear una propuesta de logo y según las indicaciones del cliente ir perfilando y mejorando la base inicial. Creo que si le presentamos al cliente cuatro logos, acabará por decir: “pues me gustan los colores de la propuesta uno, la tipografía de la tres y el símbolo de la cuatro”.
En conclusión, en cuanto a este tema creo que lo primordial es que el cliente sea consciente del trabajo que tenemos, y sobre todo que lo respete. No estamos aquí para regalar horas de nuestro trabajo, sino para trabajar más ‘codo a codo’ con los clientes, escucharles antes, durante y después de un proyecto, y no jugar a las adivinanzas y no tener un contacto directo con ellos. El diseño gráfico tiene un componente social muy importante, ya que debemos ponernos en el lugar del cliente, entender sus necesidades y adaptarnos a sus gustos, y una vez entendido todo esto, aportar una propuesta que lo cumpla y mejorarla con nuestra experiencia y nuestra profesionalidad. El resultado debe satisfacer a ambos, pero sobre todo no puede fallar que satisfaga al cliente, que es el que nos pagará por ese trabajo realizado.
- Señor x, ya tengo su diseño. Aquí lo tiene –se lo entrega. ¿Qué le parece?
- (El cliente se queda mirándolo y después de unos segundos, responde) Pues… no me acaba de convencer.
- (El comercial se le queda mirando esperando sus razones) …
- Mira, hazme dos o tres pruebas más. A ver si hay alguna que me guste más que esta.
Después del encuentro, y como la cosa está como está (la crisis, bla bla bla), el comercial no se arriesga a perder al cliente diciéndole que tiene que pagar cada prueba y “acepta” su requerimiento. Entonces vuelve y me cuenta lo ocurrido. A mi cabeza me viene inevitablemente una gran cantidad de situaciones similares en otras profesiones. Véase una persona que va a comer a un restaurante y le entregan la carta. Después de mirarla de arriba a abajo, le dice al camarero que quiere que le sorprenda, que le gusta todo y no sabe qué elegir. El camarero se va a la cocina y el chef le prepara su especialidad, una merluza con salsa verde. Cuando la termina de cocinar, con esmero, al punto de sal, con la salsa perfectamente ligada -para ello es un profesional-, el camarero la sirve al cliente, que la prueba y llama al camarero.
- Oye, que no me acaba de gustar, dile al chef que me prepare dos o tres platos más, a ver si me gustan más que este. Eso sí, te voy a pagar el precio del menú.
¿De verdad creen que no pasaría nada más? ¿Acaso si el chef prepara tres platos es justo que solo le paguen uno? ¿No verdad?
Yo no entiendo por qué le cuesta tanto de entender a la gente esto. Yo he invertido mi tiempo haciéndolo, no me has hecho ningún tipo de indicación de cómo lo querías, y aunque entiendo que no te pueda gustar (cada uno tiene una opinión), al menos ten la amabilidad de decirme qué es lo que no te gusta; no me vale “no me acaba de gustar”, especifica, dime que no te gusta ese color, que la tipografía es demasiado clásica, que está muy llena la composición, o muy vacía, no sé, guíame. Los diseñadores no somos adivinos, no tenemos la capacidad de entrar en la mente del cliente y saber qué es lo que busca sin que nos lo diga. Trabajamos con bocetos, con ideas sueltas, el cliente nos debe hablar sobre su negocio, sobre su idea de venta, y nosotros aportar una solución acorde con su planteamiento, pero para ello necesitamos su concepto.
Lo peor es que luego, además, si en la factura se le cobran las horas “de más”, esas horas invertidas para sus “dos o tres diseños más”, el cliente se queja, y si no se las quitas, seguramente no vuelve, aunque le hayas hecho (en alguno de las tres o cuatro propuestas) el mejor diseño que nunca hubiera imaginado.
En el diseño de logotipos pasa mucho esto también. Muchos clientes exigen tres o cuatro propuestas muy distintas entre sí. Aquí es posible que muchos no estén de acuerdo conmigo, pero bajo mi punto de vista es mejor crear una propuesta de logo y según las indicaciones del cliente ir perfilando y mejorando la base inicial. Creo que si le presentamos al cliente cuatro logos, acabará por decir: “pues me gustan los colores de la propuesta uno, la tipografía de la tres y el símbolo de la cuatro”.
En conclusión, en cuanto a este tema creo que lo primordial es que el cliente sea consciente del trabajo que tenemos, y sobre todo que lo respete. No estamos aquí para regalar horas de nuestro trabajo, sino para trabajar más ‘codo a codo’ con los clientes, escucharles antes, durante y después de un proyecto, y no jugar a las adivinanzas y no tener un contacto directo con ellos. El diseño gráfico tiene un componente social muy importante, ya que debemos ponernos en el lugar del cliente, entender sus necesidades y adaptarnos a sus gustos, y una vez entendido todo esto, aportar una propuesta que lo cumpla y mejorarla con nuestra experiencia y nuestra profesionalidad. El resultado debe satisfacer a ambos, pero sobre todo no puede fallar que satisfaga al cliente, que es el que nos pagará por ese trabajo realizado.
viernes, 17 de diciembre de 2010
La importancia de un buen monitor
El otro día me ocurrió una anécdota que demuestra lo importante que es tener un buen monitor (y una buena calibración) para realizar trabajos de diseño gráfico. Un compañero de trabajo estaba trabajando en una publicidad que le habían enviado, la cual tenía un fondo supuestamente blanco. El caso es que hace las modificaciones pertinentes y me lo manda a mi ordenador, dicho sea de paso un monitor CRT con unos añitos pero cumpliendo de sobras con su trabajo. Lo abro y veo el diseño lleno de trozos cortados, fruto de la modificación, y el fondo con un ligero ¡degradado gris! Mi compañero no salía de su asombro, juraba y perjuraba que él lo veía blanco en su pantalla. Evidentemente no me mentía, lo que pasa es que estaba usando un monitor TFT digamos "doméstico", o no profesional.
La moraleja de esta anécdota es bien simple. El monitor se puede considerar como los segundos ojos del diseñador; los colores que elegimos para el diseño se deben ver lo más fielmente posible en pantalla para que luego no haya sorpresas al imprimirse en papel. No creo que te haga mucha gracia colocar un rojo burdeos en una carta de vinos y que luego te salga impreso un marrón...
Esto ni que decir tiene que un monitor de 150 euros no lo va a conseguir, sobre todo porque no están hechos para ello y no se pueden calibrar. Un monitor es una inversión duradera, y a menos que lo uses a golpes, te durará varios años, así que si te dedicas a esto, creo que es una inversión necesaria. Marcas recomendables hay varias, y precios muchos, lo mejor es ir a alguna tienda especializada y dejar que te asesoren, aunque no está de más que mires por internet (en foros, comparativas...). Según mi experiencia y la de la gente con la que he trabajado, productos de Lacie, Nec y Eizo son los más destacados, y quizá también las pantallas de Apple. Este tipo de pantallas suelen ser bastante caras, su precio oscila entre 500 y varios miles de euros, dependiendo de su tamaño y características, pero seguro que hay una que encaja en tus expectativas y necesidades.
Una vez elegido el monitor, el siguiente paso es adquirir un hardware de calibración. Hay muchos y de muchos precios. De nuevo es recomendable dejarse asesorar e informarse por internet o preguntar a algún conocido que entienda más que nosotros. Hay dispositivos desde apenas 100 euros hasta miles de euros, todo depende de la fidelidad de color que quieras conseguir. Y ten en cuenta que cuando te hablo de "calibrar el monitor" no me refiero a tocar los parámetros que tienen todos los monitores de brillo/contraste, tonalidad y demás, sino que te hablo de un aparato que se coloca sobre el monitor y que lo ajusta para trabajar correctamente.
Así que si quieres que lo que veas en tu pantalla sea lo más parecido posible a lo que ves en el papel, apúntate este tema entre los elegidos para dedicarle un poco de tiempo, seguro que no te arrepientes.
La moraleja de esta anécdota es bien simple. El monitor se puede considerar como los segundos ojos del diseñador; los colores que elegimos para el diseño se deben ver lo más fielmente posible en pantalla para que luego no haya sorpresas al imprimirse en papel. No creo que te haga mucha gracia colocar un rojo burdeos en una carta de vinos y que luego te salga impreso un marrón...
Esto ni que decir tiene que un monitor de 150 euros no lo va a conseguir, sobre todo porque no están hechos para ello y no se pueden calibrar. Un monitor es una inversión duradera, y a menos que lo uses a golpes, te durará varios años, así que si te dedicas a esto, creo que es una inversión necesaria. Marcas recomendables hay varias, y precios muchos, lo mejor es ir a alguna tienda especializada y dejar que te asesoren, aunque no está de más que mires por internet (en foros, comparativas...). Según mi experiencia y la de la gente con la que he trabajado, productos de Lacie, Nec y Eizo son los más destacados, y quizá también las pantallas de Apple. Este tipo de pantallas suelen ser bastante caras, su precio oscila entre 500 y varios miles de euros, dependiendo de su tamaño y características, pero seguro que hay una que encaja en tus expectativas y necesidades.
Una vez elegido el monitor, el siguiente paso es adquirir un hardware de calibración. Hay muchos y de muchos precios. De nuevo es recomendable dejarse asesorar e informarse por internet o preguntar a algún conocido que entienda más que nosotros. Hay dispositivos desde apenas 100 euros hasta miles de euros, todo depende de la fidelidad de color que quieras conseguir. Y ten en cuenta que cuando te hablo de "calibrar el monitor" no me refiero a tocar los parámetros que tienen todos los monitores de brillo/contraste, tonalidad y demás, sino que te hablo de un aparato que se coloca sobre el monitor y que lo ajusta para trabajar correctamente.
Así que si quieres que lo que veas en tu pantalla sea lo más parecido posible a lo que ves en el papel, apúntate este tema entre los elegidos para dedicarle un poco de tiempo, seguro que no te arrepientes.
viernes, 19 de noviembre de 2010
De vuelta
¡Hola de nuevo! Pido disculpas por haber estado tanto tiempo ausente, pero diferentes obligaciones me han impedido postear de manera más o menos regular. Pero bueno, ya estoy aquí, sacando tiempo de debajo de las piedras para intentar ofrecer distintos puntos de vista sobre el mundo del diseño. ¡Estad atentos!
martes, 31 de agosto de 2010
Balance estival
Ya estoy aquí de vuelta. Llevo ya varios meses sin publicar nada, pero la verdad es que no he tenido demasiado tiempo libre. Muchos proyectos, algún que otro trabajo... pero la verdad es que pocas satisfacciones. Y es que creo que el tejado de los diseñadores se está llenando cada vez más de piedras, de piedras que vienen de fuera pero a veces también de dentro. Sigo encontrándome a clientes que quieren "ahorrar costes" en eventos dejando que algún colega "que controla Photoshop" se encargue del diseño, a arquitectos que abandonan sus planos y se curran (es un decir) una maquetación de más de 200 páginas, y a algunas imprentas que siguen asegurando que regalan el diseño, menospreciándolo, pero que lo acaban cobrando de más en la impresión. Las ofertas de trabajo tampoco mejoran demasiado el panorama, y las oportunidades de demostrar que haces bien tu trabajo escasean, por no decir que no existen.
Así las cosas, los pocos trabajos que entran vienen con exigencias de precios ridículos y para nada rentables, y a diario se tiene que lidiar con ello: ¿lo hago porque no tengo nada más o me niego porque es un abuso?
La verdad es que se hace difícil tirar hacia delante con esta situación, pero hay que continuar: cursos, tutoriales, libros, exposiciones, ferias, revistas, foros... Y bueno, cómo no, me quedo con los trabajos que sí han salido y que han quedado bien, como éste:



Seguimos blogueando, nos leemos.
Así las cosas, los pocos trabajos que entran vienen con exigencias de precios ridículos y para nada rentables, y a diario se tiene que lidiar con ello: ¿lo hago porque no tengo nada más o me niego porque es un abuso?
La verdad es que se hace difícil tirar hacia delante con esta situación, pero hay que continuar: cursos, tutoriales, libros, exposiciones, ferias, revistas, foros... Y bueno, cómo no, me quedo con los trabajos que sí han salido y que han quedado bien, como éste:



Seguimos blogueando, nos leemos.
viernes, 5 de marzo de 2010
Combatir el bloqueo creativo
Esbozos y más esbozos, pruebas, más pruebas... borrar, volver a empezar, cara de insatisfacción: desesperación. Este proceso explica que estamos en un bloqueo creativo. Por mucho que insistes, no haces nada "bueno", no te sale el dichoso logotipo que estás diseñando o no sabes cómo hacer la maqueta de un catálogo, cosas que en muchas otras ocasiones las has hecho en un plis-plas. ¿Eres incapaz de hacerlo o qué? ¡Claro que no! ¿Acaso cada uno de tus trabajos debe ser una obra de arte?
Al contrario de lo que muchos piensan, los diseñadores también somos humanos, por lo que no somos perfectos, así que no todo lo que hagas te va a satisfacer a ti y/o a los demás. No debemos presionarnos tanto, ¡¡es normal!! Muchas veces nos autoimponemos un elevado nivel de exigencia, y en ocasiones parece que pretendamos sentarnos delante del ordenador y en cinco minutos tener resuelto el trabajo... Y nada más alejado de la realidad. El trabajo creativo es un proceso, y por tanto tiene que avanzar poco a poco, fluyendo. De hecho, yo intento siempre empezar un trabajo buscando referencias, leyendo el briefing, entendiendo lo que se quiere transmitir, hasta las primeras pruebas... y eso, dependiendo de la dificultad del proyecto, me puede llevar tranquilamente varios días. Y aquí es donde viene el problema: hemos dicho que es un proceso, que necesita su tiempo... y precisamente en el diseño muchas veces no hay tiempo. Las cosas son siempre para ayer y, en definitiva, trabajamos bajo presión. Todo ello hace mella en nuestro pobre cerebro, que no da abasto en encontrar la idea perfecta, el color perfecto, la tipografía perfecta... y de vez en cuando necesita parar.
El bloqueo creativo es inevitable, muchas veces nos saturamos de tanta información, de tanto stress... Pero ante estos momentos tan indeseados, tenemos armas con las que combatir el bloqueo.
Si sientes que las horas pasan y no te sale lo que quieres: para, relájate, respira. Levántate, bebe un poco de agua, camina, haz algo que cambie tu ambiente. Cualquier actividad nueva despejará tu cabeza y permitirá que las ideas fluyan de nuevo. Sobre todo tranquilízate. Después observa tu entorno de trabajo: ¿está ordenado o desordenado? Si alrededor del ordenador hay hojas y más hojas, bolígrafos, revistas, libros... ese desorden acabará afectándote y aumentando tu ansiedad. En la mesa de trabajo debes tener sólo lo que necesites.
Una de las principales causas del bloqueo creativo es la rutina. Quizá estés demasiado centrado en ese logotipo, seguramente le estés dedicando horas de más. Evalúalo.
Confía en ti. Probablemente tu autoestima se haya venido abajo. No seas tan exigente contigo mismo, en otras ocasiones también has atravesado dificultades y has acabado resolviendo bien tu trabajo: eres un profesional.
Los paseos son grandes aliados. Nada más puedas, vete a dar un paseo a un centro comercial o al menos sal a la calle. Todos los estímulos (la gente pasando, los olores, los ruidos...) te harán olvidar tu bloqueo y, es más, quizá veas algo que te dé alguna idea. O todavía mejor, sal de las cuatro paredes en que te encuentras; llévate un portátil o una libreta y trabaja al aire libre, esto te ayudará a que las ideas fluyan mejor. Pero si tu jefe no te permite salir, pues ponte música, busca un nuevo enfoque. Quizá ese trabajo en concreto que tienes entre manos no te gusta del todo... por eso debes invertir la situación. Diviértete.
También es bueno buscar inspiración. Coge un libro, navega por internet... y busca ejemplos de situaciones resueltas como la que tú estás intentando resolver. No se trata de que cojas la que más te guste y la copies, sino de que observes cómo lo han hecho otros para después encontrar tu propia propuesta.
Por último, intenta cambiar de hábitos. Haz algo de ejercicio en cuanto puedas, aumentará tu capacidad creativa. Y por supuesto descansa y come bien, si no lo haces te sentirás físicamente pesado y no podrás dar rienda suelta a tu creatividad.
Hasta aquí los consejos para afrontar mejor los bloqueos creativos. El diseño es un trabajo apasionante pero exige al cuerpo un esfuerzo importante, te exige ser activo, positivo, observador... y lo malo es que cualquier cambio en tu estado de ánimo te afecta. Así que por desgracia el bloqueo es muy común, ese temido folio en blanco nos quita el sueño en más de una ocasión pero, como todo, siempre hay una solución.
Al contrario de lo que muchos piensan, los diseñadores también somos humanos, por lo que no somos perfectos, así que no todo lo que hagas te va a satisfacer a ti y/o a los demás. No debemos presionarnos tanto, ¡¡es normal!! Muchas veces nos autoimponemos un elevado nivel de exigencia, y en ocasiones parece que pretendamos sentarnos delante del ordenador y en cinco minutos tener resuelto el trabajo... Y nada más alejado de la realidad. El trabajo creativo es un proceso, y por tanto tiene que avanzar poco a poco, fluyendo. De hecho, yo intento siempre empezar un trabajo buscando referencias, leyendo el briefing, entendiendo lo que se quiere transmitir, hasta las primeras pruebas... y eso, dependiendo de la dificultad del proyecto, me puede llevar tranquilamente varios días. Y aquí es donde viene el problema: hemos dicho que es un proceso, que necesita su tiempo... y precisamente en el diseño muchas veces no hay tiempo. Las cosas son siempre para ayer y, en definitiva, trabajamos bajo presión. Todo ello hace mella en nuestro pobre cerebro, que no da abasto en encontrar la idea perfecta, el color perfecto, la tipografía perfecta... y de vez en cuando necesita parar.
El bloqueo creativo es inevitable, muchas veces nos saturamos de tanta información, de tanto stress... Pero ante estos momentos tan indeseados, tenemos armas con las que combatir el bloqueo.
Si sientes que las horas pasan y no te sale lo que quieres: para, relájate, respira. Levántate, bebe un poco de agua, camina, haz algo que cambie tu ambiente. Cualquier actividad nueva despejará tu cabeza y permitirá que las ideas fluyan de nuevo. Sobre todo tranquilízate. Después observa tu entorno de trabajo: ¿está ordenado o desordenado? Si alrededor del ordenador hay hojas y más hojas, bolígrafos, revistas, libros... ese desorden acabará afectándote y aumentando tu ansiedad. En la mesa de trabajo debes tener sólo lo que necesites.
Una de las principales causas del bloqueo creativo es la rutina. Quizá estés demasiado centrado en ese logotipo, seguramente le estés dedicando horas de más. Evalúalo.
Confía en ti. Probablemente tu autoestima se haya venido abajo. No seas tan exigente contigo mismo, en otras ocasiones también has atravesado dificultades y has acabado resolviendo bien tu trabajo: eres un profesional.
Los paseos son grandes aliados. Nada más puedas, vete a dar un paseo a un centro comercial o al menos sal a la calle. Todos los estímulos (la gente pasando, los olores, los ruidos...) te harán olvidar tu bloqueo y, es más, quizá veas algo que te dé alguna idea. O todavía mejor, sal de las cuatro paredes en que te encuentras; llévate un portátil o una libreta y trabaja al aire libre, esto te ayudará a que las ideas fluyan mejor. Pero si tu jefe no te permite salir, pues ponte música, busca un nuevo enfoque. Quizá ese trabajo en concreto que tienes entre manos no te gusta del todo... por eso debes invertir la situación. Diviértete.
También es bueno buscar inspiración. Coge un libro, navega por internet... y busca ejemplos de situaciones resueltas como la que tú estás intentando resolver. No se trata de que cojas la que más te guste y la copies, sino de que observes cómo lo han hecho otros para después encontrar tu propia propuesta.
Por último, intenta cambiar de hábitos. Haz algo de ejercicio en cuanto puedas, aumentará tu capacidad creativa. Y por supuesto descansa y come bien, si no lo haces te sentirás físicamente pesado y no podrás dar rienda suelta a tu creatividad.
Hasta aquí los consejos para afrontar mejor los bloqueos creativos. El diseño es un trabajo apasionante pero exige al cuerpo un esfuerzo importante, te exige ser activo, positivo, observador... y lo malo es que cualquier cambio en tu estado de ánimo te afecta. Así que por desgracia el bloqueo es muy común, ese temido folio en blanco nos quita el sueño en más de una ocasión pero, como todo, siempre hay una solución.
martes, 2 de febrero de 2010
De JASP a NI-NI: la situación de la juventud en España
En los noventa, una campaña publicitaria de Renault nos hablaba de los "JASP": Jóvenes Aunque Sobradamente Preparados. Estos son los enlaces para refrescar la memoria:
No era sólo una ficción publicitaria, era también una realidad. Los jóvenes estaban cada vez más formados, más preparados, y su formación era cada vez más accesible económicamente. Cuando salían de las aulas y acudían a las empresas en busca de trabajo, se les tenía respeto, incluso hasta miedo... Me refiero a los trabajadores de las generaciones anteriores, porque muchos pensaban que aquellos "chiquillos" les iban a quitar el trabajo y que no podían competir con ellos en cuanto a formación.
Pero prácticamente de golpe la sociedad española ha cambiado, y la crisis económica actual ha agudizado más si cabe este cambio. Y de nuevo los medios de comunicación han aparecido para bautizar el "nuevo fenómeno". Esta vez, la etiqueta no es para nada positiva, ya que nos llaman "la generación ni-ni": Ni estudia Ni trabaja. ¿Cómo puede ser que la juventud haya pasado de estar sobradamente preparada a ni estudiar ni trabajar?
Realmente creo que la juventud no ha cambiado, que siempre ha habido de todo, pero con la crisis es bien cierto que los jóvenes estamos sufriendo más de lo debido. Con la crisis, las empresas nos han cerrado sus puertas y las oportunidades se han esfumado. Ha florecido la llamada economía sumergida con una oferta cuyos contratos son temporales, precarios y mal pagados. Ahí están los datos: España es el país de la Unión Europea con la tasa de paro juvenil más alta. No hay otra manera de verlo que salir a la calle... En mi experiencia personal, por desgracia lo he podido vivir en mis carnes, y ver que en muchos sitios no nos dan ni tan siquiera la oportunidad de comprobar nuestras capacidades. Nos piden unos años de experiencia desorbitados que, si seguimos así, nunca, y remarco n-u-n-c-a, vamos a conseguir, porque nunca, de nuevo valga la redundancia, nos dan la oportunidad de acumularla con un trabajo: ¡no nos contratan! Los requisitos para encontrar trabajo cada vez están más altos, y cuando en las aulas nos enseñaron a acotar, a especializarnos muy concretamente, ahora salimos a la calle y nos piden conocimientos ¡de dos o tres puestos! (ni que decir tiene que con un solo salario, y mileurista...). Y ahora, para "ayudar", el Gobierno pretende subir la edad de jubilación... Con toda esta situación, ¿cómo no va a envejecer la sociedad española? ¡Evidentemente! Si no encuentro trabajo no me puedo independizar, porque ni tengo dinero ni me van a conceder una hipoteca, y si no me independizo tampoco voy a tener hijos, porque si ya lo pasamos mal para mantenernos a nosotros mismos ¡¿cómo vamos a tener hijos?!
En definitiva, creo que la situación de los jóvenes españoles debe cambiar ya. No es bueno que haya programas de televisión que sigan tirando del filón periodístico de los "jóvenes Ni-Ni", porque jóvenes vagos ha habido siempre, al igual que jóvenes comprometidos con su futuro, que se forman, que trabajan para pagarse sus estudios, que mantienen becas con su esfuerzo y que sólo pretenden especializarse para trabajar en lo que les gusta. Si la situación no cambia, la única solución será marcharse a otros países donde sí se valora nuestra formación y capacidades. Veremos...
No era sólo una ficción publicitaria, era también una realidad. Los jóvenes estaban cada vez más formados, más preparados, y su formación era cada vez más accesible económicamente. Cuando salían de las aulas y acudían a las empresas en busca de trabajo, se les tenía respeto, incluso hasta miedo... Me refiero a los trabajadores de las generaciones anteriores, porque muchos pensaban que aquellos "chiquillos" les iban a quitar el trabajo y que no podían competir con ellos en cuanto a formación.
Pero prácticamente de golpe la sociedad española ha cambiado, y la crisis económica actual ha agudizado más si cabe este cambio. Y de nuevo los medios de comunicación han aparecido para bautizar el "nuevo fenómeno". Esta vez, la etiqueta no es para nada positiva, ya que nos llaman "la generación ni-ni": Ni estudia Ni trabaja. ¿Cómo puede ser que la juventud haya pasado de estar sobradamente preparada a ni estudiar ni trabajar?
Realmente creo que la juventud no ha cambiado, que siempre ha habido de todo, pero con la crisis es bien cierto que los jóvenes estamos sufriendo más de lo debido. Con la crisis, las empresas nos han cerrado sus puertas y las oportunidades se han esfumado. Ha florecido la llamada economía sumergida con una oferta cuyos contratos son temporales, precarios y mal pagados. Ahí están los datos: España es el país de la Unión Europea con la tasa de paro juvenil más alta. No hay otra manera de verlo que salir a la calle... En mi experiencia personal, por desgracia lo he podido vivir en mis carnes, y ver que en muchos sitios no nos dan ni tan siquiera la oportunidad de comprobar nuestras capacidades. Nos piden unos años de experiencia desorbitados que, si seguimos así, nunca, y remarco n-u-n-c-a, vamos a conseguir, porque nunca, de nuevo valga la redundancia, nos dan la oportunidad de acumularla con un trabajo: ¡no nos contratan! Los requisitos para encontrar trabajo cada vez están más altos, y cuando en las aulas nos enseñaron a acotar, a especializarnos muy concretamente, ahora salimos a la calle y nos piden conocimientos ¡de dos o tres puestos! (ni que decir tiene que con un solo salario, y mileurista...). Y ahora, para "ayudar", el Gobierno pretende subir la edad de jubilación... Con toda esta situación, ¿cómo no va a envejecer la sociedad española? ¡Evidentemente! Si no encuentro trabajo no me puedo independizar, porque ni tengo dinero ni me van a conceder una hipoteca, y si no me independizo tampoco voy a tener hijos, porque si ya lo pasamos mal para mantenernos a nosotros mismos ¡¿cómo vamos a tener hijos?!
En definitiva, creo que la situación de los jóvenes españoles debe cambiar ya. No es bueno que haya programas de televisión que sigan tirando del filón periodístico de los "jóvenes Ni-Ni", porque jóvenes vagos ha habido siempre, al igual que jóvenes comprometidos con su futuro, que se forman, que trabajan para pagarse sus estudios, que mantienen becas con su esfuerzo y que sólo pretenden especializarse para trabajar en lo que les gusta. Si la situación no cambia, la única solución será marcharse a otros países donde sí se valora nuestra formación y capacidades. Veremos...
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