Trabajar en una imprenta aporta a un diseñador un incesante cúmulo de experiencias. Se aprende el oficio desde dentro, entre la maquinaria, entre guillotinas, pinzas, filmadoras y tiros-retiros. Se cometen errores, se observa a los compañeros cómo solucionan problemas, se aprende a examinar al detalle un trabajo antes de mandarlo a las planchas, se adquieren ciertas dosis de precisión milimétrica en el uso (delicado) de troqueles, tintas metálicas y uvi... Porque si bien cuando todos hemos llamado a la puerta para pedir un trabajo, afirmamos manejar con soltura y profesionalidad los programas de autoedición, no tenemos experiencia previa en pre-impresión, y no podemos decir con todas las de la ley: "soy diseñador gráfico". Esto se aprende, y cuando te enseñas de qué va el tema, no dejas de ver trabajos de supuestos estudios de prestigio que entran ya maquetados a la imprenta y que no tienen sangre, o que el texto está con tan poco margen que casi seguro que la guillotina se lo llevará por delante. Eso pasa, y con mucha, demasiada frecuencia. Se puede saber que para hacer una casa hace falta ladrillos y cemento, pero como no sepas colocarlos bien y obvies todo lo demás, la casa no va a durar en pie ni cinco minutos. Para el diseñador esta metáfora es muy válida: sabes usar los programas, tienes creatividad, pero si no sabes lo que haces puedes tener, y tendrás, problemas.
Por otra parte, la imprenta es una industria, y como tal no puede permitirse el lujo de que las máquinas se queden paradas. El diseñador, en esta encrucijada, se enfrentará al reto más complicado de su vida: ser rentable, o lo que es lo mismo, a trabajar rápido y a intentar hacer buenos trabajos. Deberá sacrificar mucho tiempo en pruebas, porque las horas se contabilizan y se facturan al cliente. A tu jefe tampoco le va a gustar ver por la mañana un trabajo en tu pantalla y seguir viéndolo ahí por la tarde, porque eso significa que no has "alimentado" a las máquinas en toda la jornada, y eso no puede ser.
Nadie dijo que fuera fácil. Pero ahora viene el epicentro del tema. Cuando ya sepas de qué va el asunto en la imprenta, cuando ya te manejes con soltura y entiendas y apliques bien los procesos, te verás muchas veces ante dos caminos y no sabrás cuál elegir. Te entra un trabajo, viene ya supuestamente montado, y tu tarea tan sólo debería consistir en mandarlo a filmar y a otra cosa mariposa. Pero cuando abres el fichero, ves faltas de ortografía, ves que no tiene sangre, ves que el tríptico no dobla bien (hace bolsa), hay dos fotos en RGB y te aparecen tres Pantones que obligan a sacar siete planchas en vez de cuatro. ¿Qué haces? Varias opciones:
- Opción A. Llamas al cliente y le dices que el diseñador que ha contratado no te ha enviado correctamente el trabajo y no lo puedes imprimir.
- Opción B. Inviertes dos horas de tu valioso tiempo arreglándolo a escondidas.
Si has elegido la opción A, retrasarás el trabajo varios días, y quizá el cliente no tenga su trabajo a tiempo. Tu jefe se mosqueará porque cualquier errata en la maquetación no es responsabilidad tuya, sino del diseñador que el cliente ha contratado. La tarea de la imprenta en ese caso es sólo imprimir, se supone que el diseñador lo ha corregido y optimizado.
Si has elegido la opción B, tu jefe se mosqueará porque no tienes por qué modificar algo que ya viene montado, y además si no te percatas de algún movimiento del texto, las fotos o cualquier cosa serás tú el responsable, y no el diseñador que ha contratado al cliente. Y lo peor, si lo modificas y sale bien (tu jefe no te ha visto corregir los errores y el cliente tiene el trabajo a tiempo) nadie te va a agradecer nada, porque se supone que te has limitado a mandarlo a imprimir y no has modificado nada, y la "gloria" se la llevará el diseñador, sí, ese que no se molestó en hacer bien su trabajo.
Y es complicado elegir. En ambas opciones el trabajo se retrasa, y en ambas te comes la bronca de tu jefe. ¿Prefieres ser moral o rentable?
viernes, 29 de mayo de 2009
jueves, 14 de mayo de 2009
Feria artesanal de Beniardà

Los días 27 y 28 de junio de este año 2009 se celebra la segunda Feria Artesanal de Beniardà (Alicante) , en la que el visitante encontrará una amplia exposición de productos típicos como cerámica, aceite, vino, bolillos, embutidos, bisutería y un largo etcétera.
Este es el cartel informativo. Mide 42 x 62 cm, impreso en cuatricromía:
lunes, 4 de mayo de 2009
El diseño, en positivo
Revisando el blog, me he dado cuenta de que la mayoría de entradas actuales describen problemas y otros sinsabores de la profesión: las prisas, la crisis, la detección de errores con el trabajo ya impreso... Así que en esta ocasión voy a dar un golpe de ratón y virar hacia lo positivo. Porque claro, si todo fuera negativo, ¿por y para qué dedicarse al diseño gráfico? En mi caso particular, hay muchas razones por las que dedicarme a esta profesión.
Una de ellas es la necesidad de expresión. Porque... ¿qué mejor medio que el diseño gráfico para expresar tu visión del mundo? Estoy seguro de que, simplemente, observando la paleta de color de un diseñador se podría trazar de manera bastante precisa su personalidad. Si usa, por ejemplo, colores vivos (rojo, naranja, amarillo, verdes vibrantes...) refleja dinamismo, excitación y positivismo; por contra, si en sus diseños predominan los tonos fríos (azules, morados, verdes oscuros...) su personalidad, o al menos su estado de ánimo en ese momento, será de frialdad, melancolía o quietud. Otro factor que describe la personalidad del diseñador son las tipografías que utiliza. Si utiliza de manera recurrente fuentes romanas o de paloseco (Times, Georgia... o Univers, Arial, Tahoma...) su personalidad muy posiblemente esté marcada por el clasicismo. En cambio, si es asiduo de fuentes modernas y/o de trazos irregulares (Cracked, Octin, Technovia...) refleja juventud y rebeldía. Es evidente que el diseñador debe hacer la elección de la tipografía, de color... en base al encargo y a lo que se quiera transmitir, pero no se puede negar que su subjetividad es inmanente en tanto en cuanto se produce una elección concreta.
Otro motivo fundamental para decidirse por el diseño es el placer de hojear un trabajo bien impreso que, a su vez, ha gustado al cliente. Para mi no hay nada mejor que superar las expectativas del cliente, y saborear esos ojos como platos cuando ve el borrador que le entregas. Estas cosas no pasan siempre, pero si te esfuerzas en hacer bien tu trabajo y cuidas los detalles, tarde o temprano experimentarás esta situación.
También es muy probable que si eres diseñador tengas algo de perfeccionista en tu personalidad. Al contrario de lo que muchos piensan, el perfeccionismo puede ser positivo -e incluso necesario- en esta profesión. A la hora de hacer un trabajo se deben tener en cuenta tantísimos detalles (la resolución, el modo de color, la sangre, las separaciones, el trapping, los cortes, las tipografías, los archivos incrustados, la salida...) que, siendo un poco descuidado, puedes tirar por la borda el trabajo de días, semanas e incluso de meses. Es evidente que un perfeccionismo obsesivo es contraproducente, pero el moderado es, cuanto menos, aconsejable en estos lares.
Tampoco hay que olvidar que el diseño gráfico se ubica en el sector de servicios, por lo que si eres diseñador te debería gustar aportar soluciones a problemas, o, lo que es lo mismo, hacer palpables (físicas) las ideas y proyectos de los clientes. Hay una 'magia' especial cuando te acuerdas del día en que el cliente entró por tu puerta un poco desorientado, sabiendo por encima lo que quería y, gracias a ti, conviertes su borrador, escrito en un papel arrugado, en realidad. Esa realidad cruza muchas veces fronteras, y se expande por internet, por televisión o revistas alrededor de todo el mundo. De este modo, tu trabajo no es localista, sino que transmite tu comunicación por doquier. Informa. Atrae. Vende.
Si te gusta lo que haces, o al menos te motiva en especial un trabajo que estás llevando a cabo, el tiempo parecerá detenerse a tu alrededor. En muchas ocasiones, trabajando, me he quedado mirando el reloj al percatarme que las horas han pasado casi sin darme cuenta. Por ello, la calidad final de los trabajos acaba marcando la diferencia. Si estás pendiente del reloj, si suspiras viendo que todavía son las X:30, quizá sea mejor que te dediques a otra cosa. Si te ha venido la inspiración y te marchas a almorzar, quizá cuando vuelvas hayas perdido la 'chispa' y no la vuelvas a recuperar en días.
No está tampoco nada mal ser el encargado de crear la "personalidad" de una empresa o negocio: crear el logo, la papelería corporativa, la fachada de una tienda, un stand o una web es, al menos para mi, una gozada. Tu cliente, y a su vez los suyos, acabarán identificándose tanto con tu trabajo, que se demuestra de nuevo su importancia. Es una tarea peliaguda, pero a mismo tiempo muy gratificante. ¿Qué mas quieres?
En conclusión, ser diseñador gráfico y multimedia es, en su parte buena, un trabajo absolutamente creativo a la vez que importante y complejo. Si estás ejerciendo, aprende a disfrutarlo, porque vale la pena.
Una de ellas es la necesidad de expresión. Porque... ¿qué mejor medio que el diseño gráfico para expresar tu visión del mundo? Estoy seguro de que, simplemente, observando la paleta de color de un diseñador se podría trazar de manera bastante precisa su personalidad. Si usa, por ejemplo, colores vivos (rojo, naranja, amarillo, verdes vibrantes...) refleja dinamismo, excitación y positivismo; por contra, si en sus diseños predominan los tonos fríos (azules, morados, verdes oscuros...) su personalidad, o al menos su estado de ánimo en ese momento, será de frialdad, melancolía o quietud. Otro factor que describe la personalidad del diseñador son las tipografías que utiliza. Si utiliza de manera recurrente fuentes romanas o de paloseco (Times, Georgia... o Univers, Arial, Tahoma...) su personalidad muy posiblemente esté marcada por el clasicismo. En cambio, si es asiduo de fuentes modernas y/o de trazos irregulares (Cracked, Octin, Technovia...) refleja juventud y rebeldía. Es evidente que el diseñador debe hacer la elección de la tipografía, de color... en base al encargo y a lo que se quiera transmitir, pero no se puede negar que su subjetividad es inmanente en tanto en cuanto se produce una elección concreta.
Otro motivo fundamental para decidirse por el diseño es el placer de hojear un trabajo bien impreso que, a su vez, ha gustado al cliente. Para mi no hay nada mejor que superar las expectativas del cliente, y saborear esos ojos como platos cuando ve el borrador que le entregas. Estas cosas no pasan siempre, pero si te esfuerzas en hacer bien tu trabajo y cuidas los detalles, tarde o temprano experimentarás esta situación.
También es muy probable que si eres diseñador tengas algo de perfeccionista en tu personalidad. Al contrario de lo que muchos piensan, el perfeccionismo puede ser positivo -e incluso necesario- en esta profesión. A la hora de hacer un trabajo se deben tener en cuenta tantísimos detalles (la resolución, el modo de color, la sangre, las separaciones, el trapping, los cortes, las tipografías, los archivos incrustados, la salida...) que, siendo un poco descuidado, puedes tirar por la borda el trabajo de días, semanas e incluso de meses. Es evidente que un perfeccionismo obsesivo es contraproducente, pero el moderado es, cuanto menos, aconsejable en estos lares.
Tampoco hay que olvidar que el diseño gráfico se ubica en el sector de servicios, por lo que si eres diseñador te debería gustar aportar soluciones a problemas, o, lo que es lo mismo, hacer palpables (físicas) las ideas y proyectos de los clientes. Hay una 'magia' especial cuando te acuerdas del día en que el cliente entró por tu puerta un poco desorientado, sabiendo por encima lo que quería y, gracias a ti, conviertes su borrador, escrito en un papel arrugado, en realidad. Esa realidad cruza muchas veces fronteras, y se expande por internet, por televisión o revistas alrededor de todo el mundo. De este modo, tu trabajo no es localista, sino que transmite tu comunicación por doquier. Informa. Atrae. Vende.
Si te gusta lo que haces, o al menos te motiva en especial un trabajo que estás llevando a cabo, el tiempo parecerá detenerse a tu alrededor. En muchas ocasiones, trabajando, me he quedado mirando el reloj al percatarme que las horas han pasado casi sin darme cuenta. Por ello, la calidad final de los trabajos acaba marcando la diferencia. Si estás pendiente del reloj, si suspiras viendo que todavía son las X:30, quizá sea mejor que te dediques a otra cosa. Si te ha venido la inspiración y te marchas a almorzar, quizá cuando vuelvas hayas perdido la 'chispa' y no la vuelvas a recuperar en días.
No está tampoco nada mal ser el encargado de crear la "personalidad" de una empresa o negocio: crear el logo, la papelería corporativa, la fachada de una tienda, un stand o una web es, al menos para mi, una gozada. Tu cliente, y a su vez los suyos, acabarán identificándose tanto con tu trabajo, que se demuestra de nuevo su importancia. Es una tarea peliaguda, pero a mismo tiempo muy gratificante. ¿Qué mas quieres?
En conclusión, ser diseñador gráfico y multimedia es, en su parte buena, un trabajo absolutamente creativo a la vez que importante y complejo. Si estás ejerciendo, aprende a disfrutarlo, porque vale la pena.
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